Powered By Blogger

lunes, 12 de noviembre de 2012

Lágrimas de cristal♥


1256474534987_f


Risas, risas, risas… y un corazón partido.
Alzo la mirada y por un momento pienso que desaparecerán, que esto solo es una pesadilla y pronto despertaré y me daré cuenta de que la vida es maravillosa, pero ahí siguen, riendo, riéndose de mí. ¿Y por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué mi vida tiene que ser una autentica idiotez? ¿Por qué tengo que derramar tantas lágrimas? Simplemente, busco respuestas, respuestas que nunca llegarán. Cierro los ojos e intento pensar en positivo, imposible… Los oigo, siguen allí, siguen burlándose. Burlándose de mí, de mi cuerpo, de mi ser, de "mi tamaño" De pronto, siento un empujón, fuerte y bruto, a propósito.
Me choco contra la mesa de la cafetería.
-Miradla, está tan gorda que se le va el cuerpo solo - la chica me mira y se ríe, haciendo así que todos los demás la imiten.
Intento no hacerles caso, pero me es imposible. Me siento en una mesa pequeña, donde no hay nadie. El grupo me sigue y siguen riendo. Agacho la cabeza, intentando que pasen de mí, que me dejen en paz. Misión imposible. Ahí están y ahí estarán por siempre para destrozarme por dentro.
De repente, noto como algo blando y cremoso se estampa contra mi camiseta. Dirijo la mirada hacia allí. Pastel.
-¿Qué? ¿Acaso no te lo vas a comer? Y yo que te había hecho un regalito - esta vez la voz es de un chico, está aguantando la risa. Pero los otros no, los oigo, oigo como hacen pedazos mi corazón, como trozos de cristal.
Escondo la cara entre las manos. Las lágrimas me escuecen en las mejillas, como lava ardiente.
Desearía decirles que paren pero eso solo empeoraría las cosas. Dejo que mi cuerpo expulse el dolor, como siempre hace, por las lágrimas.
Y así, decididos de que ya tengo bastante, se marchan, aun riéndose y hablando sobre "la gorda de clase"
 Y… no lo entiendo. No lo comprendo, es imposible. Sentir que nadie te quiere, que nadie te aprecia, me hace querer dejar de vivir. Porque... odio mi vida, odio que cada minuto de mi existencia, odio haber nacido, odio ser "así" Soy como soy, mi cuerpo es como es… Pero sentirse gorda ya no se trata solo de los números que marcan la báscula, sino también de sentimientos.
Al oír el timbre que marca que se acaba el almuerzo, me seco las lágrimas con la manga de la camiseta. Aunque el sentimiento de dolor aun sigue, allí, en mi mente y mi corazón.
Las últimas clases pasan igual que siempre. Yo solo deseo que se acaben, llegar a casa y derrumbarme en la cama, cerrando antes con llave la habitación. Y llorar, llorar hasta que no me queden lágrimas.
Y como si me quitara 2 toneladas de encima, me levanto al oír el timbre para salir. Corro, corro para que no me alcancen, para que no me vean, para que no me sigan destrozando. Aun así, a la salida, aun oigo algún que otro "gorda" de los compañeros de mi clase. Pero sigo corriendo, corro y corro hasta llegar a mi casa e igual que planeé subo a mi habitación y me derrumbo allí, llorando, sufriendo. Sin muchas ganas, me levanto de la cama, hasta llegar al espejo de mi baño. Me miro en él. Intento componer una sonrisa, pero es imposible, en vez de eso más lágrimas ruedan por mis mejillas. Si, yo soy esa chica del espejo, de pelo negro y ojos azules. Y "estoy gorda"
Aun así, sigo sin comprender, porque todo es tan difícil. Si aprendieran a ver el interior…
Suspiro y me dejo caer en el suelo, enterrando la cara en mis piernas y abrazándome las rodillas con las manos. Todo es horrible, mi vida es horrible. Y de pronto, oigo ruidos, golpes. Por un momento, pienso que es mi cabeza, que está a punto de explotar, pero descarto esa idea rápidamente.
Me levanto del suelo y saco la cabeza por la ventana de la habitación. Y de pronto, el tiempo se para.
Lo que tanto estaba intentando, él lo logra en un segundo, una mínima sonrisa se asoma por mi cara y mi corazón se acelera. Pero de pronto, el temor me invade. "¿Y si solo viene a burlarse de mí?" pienso mientras las lágrimas vuelven a caer.
Pero de pronto, oigo como grita mi nombre y se que él nunca me haría daño de ninguna forma.
Abro la ventana y lo miro. Noto la preocupación en su cara, pero intenta ocultarlo con una sonrisa.
-¡Hey, Rapunzel! Suelta tu melena y déjame subir -suelta de repente, haciéndome reír
Empieza a subir hasta mi ventana. La distancia entre el suelo y la ventana es de solo un metro, así que enseguida llega arriba.
Se apoya en el marco de la ventana y me mira, esta vez la preocupación se le nota más.
Suspiro y me siento en la cama, cierro los ojos e intento relajarme. Pero mi mente se dirige siempre al mismo punto, aunque no sea bueno recordarlo.
-¿Chris? - susurra Harry
-Ya sabes… ha pasado lo mismo de siempre - siento mi voz temblorosa
De pronto, siento como su mano se aferra a la mía. Me da un suave apretón, como si quisiera infundirme fuerzas.
Abro los ojos y me encuentro con su mirada, tan dulce como siempre.
Se sienta a mi lado, sin apartar la mirada de mí y sin darme tiempo a hacer nada más, me rodea con sus brazos protectores.
Lo miro a la cara y observo sorprendida como unas silenciosas lágrimas se deslizan por sus mejillas. Lágrimas de cristal. "No, claro que no" No lo son, pero parecen tan delicadas y frágiles que en el momento en el que mi mano se acerca para borrarlas de su rostro me tiemblan los dedos. Él deja que lo haga y luego me dirige una mirada llena de ternura.
Lo último que recuerdo es el suave roce de sus labios contra los míos. Y supe, que si él estaba a mi lado… todo saldría bien.